La fotógrafa capta la luz intensa de esa isla extraña, calmada y silenciosa, la  tierra negruzca y los despojos glaciares. Su cámara recoge el dinamismo de un panorama formado por milenarios movimientos telúricos y entornos labrados por la fuerza del hielo y del fuego; un paisaje intensamente azulado gracias a unos hielos que poco a poco vuelven al océano a esperar un nuevo turno de ser depositados de nuevo en los glaciales, un entorno deforestado, un desierto ajeno por el que Mónica Sánchez- Robles nos guía, como si el espectador fuera un personaje más del entorno en perfecta unión y compromiso con la Naturaleza.

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Mónica Sánchez Robles
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