El edificio elegido como sede de la bienal de Berlín crea la puesta en escena de un mundo de puertas adentro donde predomina el silencio, el vacío y la calma. Mónica Sánchez Robles propone una reflexión sobre la estética de  la ruina, que a pesar de todo rezuma una belleza especial, y donde la luz que baña la escena cobra un especial protagonismo. Sin intervenir el espacio, la artista intenta ponernos en relación directa con la atmósfera que ella percibe y trasladarnos a este lugar sereno y de una armonía inusitada.

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Mónica Sánchez Robles
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